domingo, 23 de octubre de 2022

Capítulo 25 de La sonrisa de Klara (suburban girl): Érase un vez Canet de mar, Niebe y la sonrisa de Klara.

Capítulo 25:

Daniel rememora el día en que conoció a Niebe, la perra de Klara, en el fin de semana que pasaron los tres juntos en Canet de Mar, coincidiendo con La Diada (Día Nacional de Cataluña).

Érase un vez Canet de mar: Niebe y la sonrisa de Klara

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Debajo:

Canet de Mar (Cataluña)




viernes, 14 de octubre de 2022

Capítulo 24 de La sonrisa de Klara (suburban girl): En los suburbios se cuecen habas.

Estas dos últimas semanas he pasado el Covid-19 (aunque probablemente lo haya padecido en otra ocasión al menos meses antes). Realicé el test y di positivo. No han sido síntomas especialmente virulentos: fiebre (hasta 39 grados) ocasional, otra suerte de fiebre fría y rara al levantarme, pero sobre todo, y lo peor, un intenso dolor de garganta que durante 24 horas era como si tuviera cristales punzantes en mi interior, incapaz de tragar nada, casi ni mi propia saliva. Fue horrible. Por supuesto, hubo cansancio y mucosidad en la garganta. 

He de señalar que ya padecía desde hace tiempo ciertos síntomas persistentes: la mucosidad en la garganta es algo que venía arrastrando junto a unos extraños hongos en garganta y lengua que me he tratado durante más de cuatro meses (y que aún parecen resistir en cierta manera). Todo esto me hace pensar, debido a que los médicos no han sabido darme una explicación, que son secuelas de un Covid que cogí en verano o de la vacuna de éste, una de dos (aunque esto segundo no lo reconocerán, naturalmente).

Y bueno, que no doy más la chapa sobre este asunto, seguimos con otro capítulo, el 24 ya, de La sonrisa de Klara (suburban girl), éste un poco más largo.

Capítulo 24:

Daniel y Claudio son destinados a un edificio de los suburbios habitado por un clan de gitanos. Allí se encontrarán con curiosos personajes, entre ellos una pitonisa con bola mágica incluida.

En los suburbios se cuecen habas

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Extrarradio Barcelona






jueves, 13 de octubre de 2022

Javier Marías D.E.P. (1951-2022). Columna: Las amistades desaparecidas.

D.E.P Javier Marías (1951-2022)

En recuerdo a Javier Marías, el célebre escritor madrileño, por su triste fallecimiento el mes pasado, una muerte inesperada que me dejó bastante impresionado, pues hacía poco más de un año que había comenzado a leer algunas de sus novelas y estaba empezando a conocerlo un poco más a fondo viendo algunas de sus entrevistas o charlas por youtube (Tiene pocas, era un enemigo declarado de las redes sociales y la tecnología, según él mismo decía continuaba escribiendo sus novelas con su antigua máquina de escribir eléctrica. Tampoco usaba ordenador). El sentimiento que tuve al enterarme fue casi de horfandad, con esa sensación de que un viejo amigo se te ha ido de repente, alguien a quien has cogido afecto casi sin darte cuenta.

Y que mejor forma de recordarlo que recomendando alguna de sus novelas o dejando alguna de sus numerosas columnas de opinión. Entre más de mil que escribió durante veinte años para El País Semanal rescato ésta, pues me hizo reflexionar cuando la leí ya hace unos años y me resulta muy significativa. 

Habla sobre algo tan importante como la amistad y la pérdida de ésta.  

En su momento me gustaría reseñar alguna obra suya (si es que no lo hice el año pasado, no lo recuerdo). Corazón tan BlancoMañana en la batalla piensa en mí o Los enamoramientos, son las tres novelas suyas que he leído hasta el momento.

 LAS AMISTADES DESAPARECIDAS*

"LA OTRA noche me forcé a llamar a una vieja amiga (lo es desde hace cuarenta y tantos años), para por lo menos hablar con ella, ya que en los últimos tiempos nos vemos poco. Poco, pero todavía nos vamos viendo, lo cual ya es mucho, pensé, en comparación con lo que me sucede con decenas de amistades, o les sucede a ellas conmigo. Me temo que nos ocurre a todos, y en algunos momentos produce vértigo acordarse de las personas dejadas por el camino, o –insisto– que nos han dejado a nosotros orillados, colgados o en la cuneta. A veces uno sabe por qué. Las peleas, las decepciones, las ingratitudes, son algo de lo que nadie se libra a lo largo de una vida de cierta duración, pongamos de cuatro décadas o más. Casi nada hiere tanto como sentirse traicionado por un amigo, y entonces la amistad suele verse sustituida por abierta enemistad. Uno puede no ir contra él, no atacarlo, no buscar perjudicarlo en atención al antiguo afecto, por una especie de lealtad hacia el pasado común, hacia lo que hubo y ya no hay. Lo que es casi imposible es que no lo borre de su existencia. Uno cancela todo contacto, pasa a hacer caso omiso de él, lo evita, y cabe que, si se lo cruza por la calle, mire hacia otro lado, finja no verlo y ni siquiera lo salude con el saludo más perezoso, un gesto de la cabeza.
Uno sabe a veces por qué. Curiosamente, las cuestiones políticas son, en España, frecuente motivo de ruptura o alejamiento. Si dos amigos divergen en exceso en sus posturas, es fácil que acaben reñidos sin que se haya dado entre ellos nada personal. Cabe la posibilidad de no sacar esos temas, pero es una alternativa siempre forzada: en el intercambio de impresiones se crea un hueco incómodo y que tiende a ocupar cada vez más espacio, hasta que lo ocupa todo y no hay forma de rodearlo, ni de disimular. Se charla un poco de fútbol, de la familia, del trabajo, pero la conversación se hace embarazosa, ortopédica, sobre ella planea el independentismo vehemente que uno de los dos ha abrazado, o su entrega a la secta llamada Podemos, o su conversión al PP, por ejemplo. Cosas que el otro no puede entender ni soportar. Hay ocasiones más sorprendentes en las que uno también sabe por qué: porque presenció una mala época del amigo, que éste ya dejó atrás; porque le prestó o dio dinero, o lo vio en momentos de extrema debilidad. Hay quienes, lejos de tenerle agradecimiento, no perdonan a otro el haberse portado bien, o el haberles sacado las castañas del fuego. Cuando echamos una mano, del tipo que sea, en realidad nunca sabemos si estamos creándonos un amigo o un enemigo para el resto de la vida, y eso es particularmente arriesgado hoy en día, cuando hay tanta gente necesitada de manos para sobrevivir. Por propia experiencia, cada vez que echo una, me pregunto si recibiré gratitud por ella o una inquina invencible e irracional, un desmedido rencor. Supongo que el mero hecho de pedir ayuda –más aún de recibirla– representa para algunos individuos una humillación intolerable que harán pagar precisamente al que se la presta. Al que estuvo en condición de ofrecérsela y por lo tanto en una posición de superioridad. Aunque éste no la subraye en modo alguno, aunque dé todas las facilidades y reste importancia a su generosidad, hay personas que nunca perdonarán al testigo de su penuria, de su desmoronamiento o de su decadencia temporal. De su fragilidad.
Otras veces alguien se aparta porque al otro le va demasiado bien y es un recordatorio de lo que no tenemos. O porque le va demasiado mal y es un recordatorio de lo que a cualquiera nos puede aguardar. En España hay que andarse con pies de plomo a la hora de mostrar los logros y los fracasos, la alegría y la desdicha. Un exceso de lo uno o lo otro es siempre un peligro, se corre el riesgo de quedarse solo y abandonado. Creo que era Mihura quien decía que un escritor afortunado debía hacer correr el bulo de que estaba gravemente enfermo, para permitir que se lo mirase con piedad y rebajar el resentimiento por sus éxitos: “Ya, pero se va a morir”, es un consuelo que atempera la envidia.
Pero demasiadas veces no sabemos por qué se desvanece una amistad. Por qué las cenas semanales, o incluso la llamada diaria, se han quedado en nada, quiero decir en ninguna cena ni una sola llamada. Sí, aparecen nuevos amigos que desplazan a los antiguos; sí, nos cansamos o nos desinteresamos por alguien o ese alguien por nosotros; sí, un ser querido se torna iracundo, o lánguido y perpetuamente quejoso, o exige invariablemente sin aportar nunca nada, o sólo habla de sus obsesiones sin el menor interés por el otro. De pronto nos da pereza verlo, nada más. No ha habido riña ni roce, ofensa ni decepción. Poco a poco desaparece de nuestra cotidianidad, o él nos hace desaparecer de la suya. Y falta de tiempo, claro está, el aplazamiento infinito. Esos son los casos más misteriosos de todos. Quizá los que menos duelen, pero también los que de repente, una noche nostálgica, nos causan mayor incomprensión y mayor perplejidad."
*(Columna de opinión de Javier Marías publicada en El País Semanal en 2016)



jueves, 6 de octubre de 2022

Capítulo 23 de La sonrisa de Klara (suburban girl): Cuando la vida te sonríe y Madame Racine

Capítulo 23:

Daniel divaga sobre cuestiones vividas con Klara o sus sensaciones en Sitges, en medio de la cual surge un personaje que no conoció pero del que supo bastante: Madame Racine.

Cuando la vida te sonríe y Madame Racine 

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Debajo:

Barcelona.