jueves, 1 de enero de 2026

Feliz año, comentario, IA, y relato corto.

Hoy se inicia 2026 (quién lo diría) y uno se apercibe de que pierde la cuenta de los años "igual que las vacas ven pasar el tren", como diría un viejo amigo mío que no era filósofo ni se propuso nunca serlo. Anoche cena con mis dos hermanas y dos cuñados, junto a mi madre. Es decir, cinco personas mas Queso, un chihuahua de once años que ya he presentado en alguna ocasión por aquí.

Y antes de nada una reflexión contradictoria, no sobre nada en particular más que uno mismo, y es que me reconozco perezoso para escribir en este blog de un tiempo a esta parte (quizá desde siempre, ya que no recuerdo haber escrito un texto minímamente  conseguido aquí), pero a la vez reconozco que me gustaría escribir más abiertamente, con más frecuencia, opinar sobre ciertos temas, dialogar en alto, colocar cuando menos algunos pensamientos de vez en cuando. Pero quizás el hecho de que dedique tanto tiempo a escribir las novelas me canse demasiado, me deje sin gasolina suficiente, o que sencillamente, se produzca en mí un desinterés paulatino e inevitable (en ciertos niveles) por este mundo tan superficial y estúpido, junto al hecho iincontrovertible de que son precisamente los años los que le impiden a uno (por pura desidia ante la conciencia de todo lo anterior) poner el interés en algo concreto que simplemente merezca unas líneas. Ya veremos.

Y prosigo. En este momento, creo estar terminando mi tercera novela, cuyo título aún no tengo decidido (hay opciones), que va a ser la novela más larga que haya escrito, y que por lo demás me está dando unos cuantos quebraderos de cabeza. La he tenido que aparcar en dos ocasiones. Una de ellas por mis problemas de salud, cuya odisea me llevó dos años finalmente a un reumatólogo amable, cercano, profesional, humano, de Santander, que descubrió que mi enfermedad era la fibromialgia, y que la razón de ello fuera debido a que desde hacía años mi cerebro no segregara serotonina. La serotonina es el neurotransmisor, o la sustancia  que liberada en el cerebro permite a su poseedor sentir placer o felicidad, aparte de regular el estado de ánimo y otras cuestiones referentes a dolor físico y psíquico. Esto puede hasta conllevar hasta 78 síntomas distintos. Mañana día 2 de enero tengo cita con Reumatología en la Seguridad Social, ya que pedí cita con la unidad del dolor hace un par de meses.

Pero centrándome en la novela que estoy terminando y de la cual creo haber dicho en alguna ocasión que sería la segunda parte, al menos técnicamente, de La sonrisa de Klara (2022), mi primera novela,  que por cierto aún no he subido en Amazon, y es posible que este año lo haga definitivamente (o busque editorial de nuevo). En cualquier caso, esta novela que tengo entre manos tratará, aparte de los problemas cotidianos y vitales de sus personajes y de una trama principal, de asuntos universales de las sociedades posmodernas de hoy en día (identidades fugaces, ideologías de género, sociedad de la inmediatez, sociedad de consumo, sociedad narcisista, obsolescencia programada, debilitamiento de las relaciones humanas, pérdida del sentido del amor romántico, muerte del amor y de las creencias espirituales, epidemia de la soledad, vejez, paso del tiempo, etcétera).

También acabo de terminar un cuento titulado D. E. S., que de momento no puedo publicar porque participará en un concurso internacional cuya resolución será en marzo o abril. Creo que es un cuento bastante conseguido sobre un tema tan de actualidad como la Inteligencia Artificial, algo que está cambiando el mundo, y que lo cambiará mucho más en cuestión de pocos años. Se avecinan cambios sorprendentes, o debería decir extraordinarios; lo cierto es que lo que saldrá de ahí nadie lo sabe exactamente, ni siquiera sus propios creadores. 

Las expectativas apuntadas por algunos científicos, CEOS y creadores de estas inteligencias es la de que los cambios sociales serán, en orden comparativo, mucho más radicales que los que se dieron con la Revolución Industrial en el s. XVIII, o con la Segunda Revolución Tecnológica en los 2000, mediante la aparición de Internet y el teléfono móvil. Existe también gran preocupación y controversia por la posibilidad de que estas inteligencias alcancen esa condición de superinteligencias autoconscientes ("vivas" en definitiva, con todas las connotaciones de lo que esto significa y supone), que por lo demás es lo que están buscando gente como Elon Musk, Demis Hasssabis o Sam Almant, entre otros, en actual disputa por alcanzarla los primeros. Geoffrey Hinton, el padrino de la Inteligencia Artificial, ya ha avisado de sus potenciales riesgos. Veremos, promete ser un año apasionante al respecto.

Feliz año 2026.






 

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