martes, 6 de enero de 2026

Agelasto gratis del 6 al 11 de enero en Amazon

 Disponible en Amazon del 6 al 11 de enero gratis:

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“Una ciudad desierta. Un hombre solo. Un encierro sin fin. 

El mundo ha detenido su marcha. Las calles están vacías, los días son idénticos, el tiempo se ha congelado en una especie de limbo pandémico. Él se levanta cada mañana, prepara café con leche, hojea un periódico viejo, contempla desde la ventana un barrio que parece una cripta. Pero algo inquietante flota en el ambiente. Algo que no encaja.

En las noticias, cada vez más erráticas, aparecen informes sin confirmar sobre bebés muertos en contenedores. Circulan estrañas teorías oscuras en redes sociales. Algunos afirman que los propios padres están matando a sus hijos. Otros hablan de un virus que afecta no solo al cuerpo, sino a la mente: un virus que activa una lucidez intolerable, un deseo de interrumpir la cadena del dolor.

Entre alucinaciones sutiles y datos manipulados, el protagonista comienza a deslizarse por una espiral de duda, ansiedad y revelaciones fragmentadas. ¿Dónde está la línea entre locura y realidad? ¿Y si todo esto fuera cierto? ¿Y si a esos bebés los estaban liberando del peso de la existencia?

Agelasto es un thriller existencial, íntimo y perturbador, donde la pandemia es solo el punto de partida hacia un cuestionamiento radical del sentido mismo de la vida. Un descenso claustrofóbico hacia los márgenes del pensamiento, donde el horror no grita: susurra. Y lo que muestra no es monstruoso, sino profundamente humano.

Visual, inquietante, con un tono que recuerda a las grandes distopías silenciosas del cine europeo, esta novela no busca respuestas: solo abrir heridas”

”Existe un gran desencanto con la vida moderna. Las sociedades de consumo han mercantilizado el alma. La expresión nihilista como puente hacia una realidad turbia, inhóspita, e impostada, se hace necesaria. Estos observadores, como el Mersault de Camus, como mismamente el personaje de Agelasto, diagnostican una patología social, escrutan desde su anomia, a través de su cristal frío y calculador, a individuos despersonalizados, alienados, extravíados, atrapados en una inmensa telañara de vacío.". Marcos Velasco.

"He leído con creciente entusiasmo la novela " Agelasto" del escritor español Marcos Velasco en Amazon. No pertenezco a una generación que gusta de leer literatura en forma digital por eso me sorprendió la comodidad que sentí al entrar en una historia, que como toda gran historia, no ofrecía altibajos para desentenderse de ella. Hay un tono muy logrado desde los primeros párrafos y un escenario poblado de detalles tremebundos en que los sentidos del lector y sus emociones son arrastrados todo el tiempo que dura esta vertiginosa novela. Una prosa cuidada, con adjetivos precisos y enfáticos, va construyendo la travesía de un personaje singular cuyo despiadado y confuso accionar traduce un tiempo de encierro y psicosis social. El autor escoge una doble mirada: la del protagonista y la del narrador externo y de esa manera los lectores pueden separar el plano subjetivo siempre dudoso del verdadero en un mundo lleno de espejos deformantes y donde la realidad siempre es sospechosa. La lectura de esta historia permanece en nosotros mucho tiempo después de haber acabado su lectura y no sería extraño que se metiera en nuestras pesadillas. Una novela de estos tiempos que todos deberíamos leer". Orlando Van Bredam, escritor argentino finalista del Premio Clarín Alfaguara y ganador del Premio Emecé Editores con la novela Teoría del desamparo en 2007).




jueves, 1 de enero de 2026

Sugerencia literarias: Delibes yTorrente Ballester y la Guerra Civil Española.

Dicho todo esto voy a aprovechar para dejar de momento un par de recomendaciones literarias. De momento me remitiré a novelas, porque ensayos he leídos demasiados puede provocar una indigestión (en este caso intelectual) mayor que las comidas navideñas, aunque reconozco que para mí son un vicio. Pero deteniéndome en las novelas, voy a dejar algunas sugerencias de mis últimas lecturas. 

Ayer terminé de leer Mi idolatrado hijo Sisí, de Miguel Delibes y debo decir que esta novela me ha parecido una auténtica maravilla, tanto que se  ha convertido en una de mis novelas favoritas de los últimos años (no sé si llevado por la euforia). Y teniendo en cuenta que leo no menos de cincuenta o sesenta novelas al año no es poco. Lo cierto es que de Delibes no había leído más allá de tres novelas hasta el momento: (1.) Las ratas, (2). El camino,  y (3). El loco (ésta me pareció bastante flojita), y aunque sobre todo El camino me pareció una novela entrañable y muy bien ejecutada, el tema rural, esa suerte de realismo costumbrista, no me estimulaba demasiado a seguirlo, y quizás por ello, y a pesar de sus virtudes, le he tenido un poco alejado u olvidado. Bien, no recuerdo porqué hace un par de semanas decidí comprar en Kattigara (una librería de libros de segunda mano de Santander donde suelo comprar) un ejemplar de esta novela de Debiles Mi idolatrado Sisí, y tras su lectura, que fue entusiásmandose a medida la iba leyendo, me ha parecido, sencillamente, una obra perfecta. Redonda. Fabulosa. Divertida, entrañable, con personajes vivos. Por lo cual, si tuviera que darle una nota la pondría en lo más alto, en la categoría de: Imprescindible.

Esta sería su sinopsis:

"Mi idolatrado hijo Sisí nos cuenta la vida de Cecilio Rubes, un fabricante de bañeras cuarentón, superficial y egoísta. No tiene amigos, no ama realmente a su mujer y sólo se acuerda de Dios en los peores momentos. A la hora de educar a su hijo, sólo le guiará el deseo de que «sea feliz». No le importará que frecuente los bajos ambientes ni que deje los estudios. Y la disciplina con lo que los Sendín –prototipo de la clase media conservadora y contrapunto de la propia familia de Cecilio- educan a sus hijos, le parece cómica e innecesaria. Pero su despreocupación recibirá su castigo, al revelársele el inmenso absurdo de su vida.


Auténtica sátira moral, la novela aúna todas las cualidades narrativas de Delibes: su ajustado tratamiento de los personajes, su lenguaje rico y preciso, su maestría para recrear situaciones y acontecimientos de la vida española, su amplitud de registros y su intensidad. Mi idolatrado hijo Sisí está considerada una de las mejores novelas de Miguel Delibes."


Continuando estaría mi lectura anterior, otro escritor español para más señas, uno del cual ni siquiera había leído nada hasta el momento, que es el gallego Gonzalo Torrente Ballester. Decidí hacerme con una obra suya, que fue Don Juan, una versión desmitificada de este personaje, y que me resultó muy interesante y divertida, por lo cual decidí hacerme con otra, y tras deliberación, escogí la que luego ha resultado excelente Filomeno a mi pesar. Así como a Don juan la colocaría en la categoría de: Recomendable,  Filomeno a mi pesar entraría dentro la categoría más alta, al igual que la de Delibes: Imprescindible.

Es posible que me haya gustado más globalmente la de Delibes, porque de principio a fin no le sobra una página, pero esta de Filomeno a mi pesar, sin duda, está a su altura, e incluso dependiendo del momento podrá gustarte más una que otra. Luego Don Juan, si está a un nivel que me parece inferior, aunque la disfruté bastante, sobre todo su primera parte. 

Rescato la sinopsis de ambas obras de Ballester:

Filomeno a mi pesar:

"Filomeno, gallego de origen portugués por parte de madre, es un personaje de incierta y compleja personalidad, lo cual se refleja en un nombre de pila indeseado que suena a ridículo y en el uso habitual de sus diferentes apellidos según la situación y el país en que se encuentra. Tras estudiar Derecho en Madrid, se traslada a Londres para trabajar en un banco, es corresponsal de un periódico portugués en París y, después de residir en Portugal durante la guerra civil española, acaba volviendo a la Galicia donde nació. En el curso de estos viajes, y mientras la historia de Europa se va ensombreciendo progresivamente, Filomeno tiene experiencias de todo género que le hacen madurar y se enamora varias veces. Este itinerario personal forja la personalidad del protagonista, y constituye un hondísimo retrato que en la pluma de Gonzalo Torrente Ballester se enriquece con sugestivos matices de observación e ironía. Extraordinaria novela en la cual lo real y lo misterioso, la tragedia y el humor, el curso de una azarosa vida y la trama de la historia contemporánea se mezclan en una armoniosa síntesis de arte narrativo y verdad humana para darnos una de las grandes obras maestras de su autor."


Don Juan

"Original recreación de nuestro mito literario más universal, "Don Juan" (1963) es una incursión en los caminos de la fantasía irónica y desmitificadora. En este relato en el que Gonzalo Torrente Ballester adopta un modo de novelar fragmentario, laberíntico y proteico, el audaz burlador sevillano, con la inestimable ayuda de un razonador Leporello, se introduce en el cuerpo del narrador para dictarle, con brillante estilo, su larga vida de lances y amoríos y para mostrar una implacable rebeldía ante un cielo y un infierno que se han desentendido de él, dando lugar a una atractiva pirotecnia de ideas y aventuras, disparada hacia diversas épocas, lugares y personajes.Original recreación de nuestro mito literario más universal, "Don Juan" (1963) es una incursión en los caminos de la fantasía irónica y desmitificadora."


Ahora mismo me encuentro leyendo más escritores españoles, en este caso la trilogía de Las ciudades, de Pío Baroja, otro autor español que también tenía en el olvido y que quiero probar, y José Antonio Zunzunegui. Todas estas novelas, de unos como de otros, Delibes, Torrente Ballester, Baroja o Zunzunegui, tienen un paralelismo muy fuerte, y es que están todas encuadradas en la época de la Guerra Civil Española, ya que todos ellos la vivieron a su manera.









Feliz año, comentario, IA, y relato corto.

Hoy se inicia 2026 (quién lo diría) y uno se apercibe de que pierde la cuenta de los años "igual que las vacas ven pasar el tren", como diría un viejo amigo mío que no era filósofo ni se propuso nunca serlo. Anoche cena con mis dos hermanas y dos cuñados, junto a mi madre. Es decir, cinco personas mas Queso, un chihuahua de once años que ya he presentado en alguna ocasión por aquí.

Y antes de nada una reflexión contradictoria, no sobre nada en particular más que uno mismo, y es que me reconozco perezoso para escribir en este blog de un tiempo a esta parte (quizá desde siempre, ya que no recuerdo haber escrito un texto minímamente  conseguido aquí), pero a la vez reconozco que me gustaría escribir más abiertamente, con más frecuencia, opinar sobre ciertos temas, dialogar en alto, colocar cuando menos algunos pensamientos de vez en cuando. Pero quizás el hecho de que dedique tanto tiempo a escribir las novelas me canse demasiado, me deje sin gasolina suficiente, o que sencillamente, se produzca en mí un desinterés paulatino e inevitable (en ciertos niveles) por este mundo tan superficial y estúpido, junto al hecho iincontrovertible de que son precisamente los años los que le impiden a uno (por pura desidia ante la conciencia de todo lo anterior) poner el interés en algo concreto que simplemente merezca unas líneas. Ya veremos.

Y prosigo. En este momento, creo estar terminando mi tercera novela, cuyo título aún no tengo decidido (hay opciones), que va a ser la novela más larga que haya escrito, y que por lo demás me está dando unos cuantos quebraderos de cabeza. La he tenido que aparcar en dos ocasiones. Una de ellas por mis problemas de salud, cuya odisea me llevó dos años finalmente a un reumatólogo amable, cercano, profesional, humano, de Santander, que descubrió que mi enfermedad era la fibromialgia, y que la razón de ello fuera debido a que desde hacía años mi cerebro no segregara serotonina. La serotonina es el neurotransmisor, o la sustancia  que liberada en el cerebro permite a su poseedor sentir placer o felicidad, aparte de regular el estado de ánimo y otras cuestiones referentes a dolor físico y psíquico. Esto puede hasta conllevar hasta 78 síntomas distintos. Mañana día 2 de enero tengo cita con Reumatología en la Seguridad Social, ya que pedí cita con la unidad del dolor hace un par de meses.

Pero centrándome en la novela que estoy terminando y de la cual creo haber dicho en alguna ocasión que sería la segunda parte, al menos técnicamente, de La sonrisa de Klara (2022), mi primera novela,  que por cierto aún no he subido en Amazon, y es posible que este año lo haga definitivamente (o busque editorial de nuevo). En cualquier caso, esta novela que tengo entre manos tratará, aparte de los problemas cotidianos y vitales de sus personajes y de una trama principal, de asuntos universales de las sociedades posmodernas de hoy en día (identidades fugaces, ideologías de género, sociedad de la inmediatez, sociedad de consumo, sociedad narcisista, obsolescencia programada, debilitamiento de las relaciones humanas, pérdida del sentido del amor romántico, muerte del amor y de las creencias espirituales, epidemia de la soledad, vejez, paso del tiempo, etcétera).

También acabo de terminar un cuento titulado D. E. S., que de momento no puedo publicar porque participará en un concurso internacional cuya resolución será en marzo o abril. Creo que es un cuento bastante conseguido sobre un tema tan de actualidad como la Inteligencia Artificial, algo que está cambiando el mundo, y que lo cambiará mucho más en cuestión de pocos años. Se avecinan cambios sorprendentes, o debería decir extraordinarios; lo cierto es que lo que saldrá de ahí nadie lo sabe exactamente, ni siquiera sus propios creadores. 

Las expectativas apuntadas por algunos científicos, CEOS y creadores de estas inteligencias es la de que los cambios sociales serán, en orden comparativo, mucho más radicales que los que se dieron con la Revolución Industrial en el s. XVIII, o con la Segunda Revolución Tecnológica en los 2000, mediante la aparición de Internet y el teléfono móvil. Existe también gran preocupación y controversia por la posibilidad de que estas inteligencias alcancen esa condición de superinteligencias autoconscientes ("vivas" en definitiva, con todas las connotaciones de lo que esto significa y supone), que por lo demás es lo que están buscando gente como Elon Musk, Demis Hasssabis o Sam Almant, entre otros, en actual disputa por alcanzarla los primeros. Geoffrey Hinton, el padrino de la Inteligencia Artificial, ya ha avisado de sus potenciales riesgos. Veremos, promete ser un año apasionante al respecto.

Feliz año 2026.






 

miércoles, 10 de diciembre de 2025

ROBE INIESTA (1962-2025), UN ALMA LIBRE. D. E. P.

Esta mañana me levanté, nos levantamos muchos, con la noticia del inesperado y tristísimo fallecimiento de Robe Iniesta con apenas 63 años, una edad relativamente joven en nuestra época para dejarnos huérfanos. Sí, la vida a veces es una puta mierda, ya lo sabemos, pero eso no significa que uno deba de aceptar las cosas tal cual.  Ayer mismo, sin ir más lejos, había fallecido también Jorge Martinez, lider de la banda los Ilegales, a los 70 años de edad, aunque yo de los Ilegales poco, en todo caso, Joaquín Sabina que, sorprendentemente, va a sobrevivirlos a todos. 

Robe Iniesta fue un librepensador, un poeta maldito (como lo fue Baudelaire), un artista lúcido pero imprevisible, un genio preclaro e intuitivo (pues es desde la intuición desde donde un poeta capta el instante inmediato de la vida), un filósofo moderno (sin caer nunca en la mediocre posmodernidad que nos rodea), que destilaba una sensibilidad fuera de lo común. Sabedor de esto creó una banda inmortal, y luego decidió ser inmortal él mismo. No soy dado a la mitomanía, pero hablamos de alguien que dio mucho más de lo que recibió, y que miraba desde arriba.

su capacidad como letrista, su expresión poética, su sensibilidad intuitiva están o han estado al alcance de muy pocos. 

Robe fue un hombre en pecado de vivir sin pecado mortal, un ser que vislumbraba por las capas más profundas del sentimiento para que almas cómplices en la sombra que no aceptan una realidad tan sórdida, tan desesperadamente superficial y hedonista, tan ausente de afectos y amor real como esta que acontece en un siglo terriblemente desolador a nivel humanístico, cultural, y sobre todo afectivo, se movilicen sobre sus propios pasos. El ciudadano occidental se descompone por sí mismo, sin ayudas externas, en cercanías lejanas y lejanías cercanas, y la consecuencia es una epidemia de soledades e incomprensiones donde nadie parece conocer a nadie. Hace mucho tiempo que esta sociedad lleva la senda del sinsentido.

¿Hacia dónde vamos, Robe?  Hacia dónde.

Dicho esto dejo este tema suyo, "4º movimiento: La realidad", perteneciente al disco La ley innata (2008), que he vuelto a escuchar después de bastantes años y me ha removido por dentro de la misma manera. Este disco fue sin duda el que a nivel emocional más huella me dejó, con diferencia, de Extremoduro (y Robe). Por circunstancias, por lo que me evocaba (estas cosas siempre son así), por el momento en que apareció el disco y la canción, un poco como si hubiera sido fabricada a la medida de mi momento personal en aquel tiempo. Junto a joyas como "1er movimiento: El sueño", "2º movimiento: Lo de fuera" (pelos de punta),  "3er movimiento: Lo de dentro", "Dulce introducción al caos", o "Coda Flamenca", temazos de este disco, realmente inconmensurable. Recuerdo bien escuchar esta canción, esa melodía, los violines, la sensibilidad de la letra, la melancolía de su voz aguda, mis auriculares puestos, muchas veces en infinidad de paseos solitarios en las calles de Santander; yo era más joven, demasiado ingenuo, un poco idiota (eso no se pierde nunca), echando de menos a una chica barcelonesa a la que quise más que a ninguna otra, y cuya amistad nunca fui capaz de recuperar a pesar de todo. Y es que esa realidad extraña que nos rodea, que nos araña, que nos malentiende, también nos separa de las personas que más apreciamos. 

Robe Iniesta, allá donde estés, D. E. P.  ... Y G-R-A-C-I-A.S






viernes, 21 de noviembre de 2025

A sangre y fuego: héroes, bestias y martires de España

Una lectura muy conveniente para estos tiempos tan confusos donde las ideologías, los fanatismos y los relatos se imponen al sentido común y al espíritu crítico; nada nuevo por otro lado. Y porqué no, para recordar además a Manuel Chaves Nogales, escritor inmenso que falleció joven y cuya obra fue rescatada mucho tiempo después del siempre gigantesco cementerio de Los Olvidados.

"(...) En realidad, y prescindiendo de toda prosopopeya, mi única y humilde verdad, la cosa mínima que yo pretendía sacar adelante, merced a mi artesanía y a través de la anécdota de mis relatos vividos o imaginados, mi única y humilde verdad era un odio insuperable a la estupidez y a la crueldad; es decir, una aversión natural al único pecado que para mí existe, el pecado contra la inteligencia, el pecado contra el Espíritu Santo.
Pero la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España. ¿Por dónde empezó el contagio? Los caldos de cultivo de esta nueva peste, germinada en ese gran pudridero de Asia, nos los sirvieron los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín, con las etiquetas de comunismo, fascismo o nacionalsocialismo, y el desapercibido hombre celtíbero los absorbió ávidamente. Después de tres siglos de barbecho, la tierra feraz de España hizo pavorosamente prolífica la semilla de la estupidez y la crueldad ancestrales. Es vano el intento de señalar los focos de contagio de la vieja fiebre cainita en este o aquel sector social, en esta o aquella zona de la vida española. Ni blancos ni rojos tienen nada que reprocharse. Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que se partieran España.
De mi pequeña experiencia personal, puedo decir que un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros. Me consta por confidencias fidedignas que, aun antes de que comenzase la guerra civil, un grupo fascista de Madrid había tomado el acuerdo, perfectamente reglamentario, de proceder a mi asesinato como una de las medidas preventivas que había que adoptar contra el posible triunfo de la revolución social, sin perjuicio de que los revolucionarios, anarquistas y comunistas, considerasen por su parte que yo era perfectamente fusilable.
Cuando estalló la guerra civil, me quedé en mi puesto cumpliendo mi deber profesional. Un consejo obrero, formado por delegados de los talleres, desposeyó al propietario de la empresa periodística en que yo trabajaba y se atribuyó sus funciones. Yo, que no había sido en mi vida revolucionario, ni tengo ninguna simpatía por la dictadura del proletariado, me encontré en pleno régimen soviético. Me puse entonces al servicio de los obreros como antes lo había estado a las órdenes del capitalista, es decir, siendo leal con ellos y conmigo mismo. Hice constar mi falta de convicción revolucionaria y mi protesta contra todas las dictaduras, incluso la del proletariado, y me comprometí únicamente a defender la causa del pueblo contra el fascismo y los militares sublevados. Me convertí en el «cama-rada director», y puedo decir que durante los meses de guerra que estuve en Madrid, al frente de un periódico gubernamental que llegó a alcanzar la máxima tirada de la prensa republicana, nadie me molestó por mi falta de espíritu revolucionario, ni por mi condición de «pequeño burgués liberal», de la que no renegué jamás.
Vi entonces convertirse en comunistas fervorosos a muchos reaccionarios y en anarquistas terribles a muchos burgueses acomodados. La guerra y el miedo lo justificaban todo.
Hombro a hombro con los revolucionarios, yo, que no lo era, luché contra el fascismo con el arma de mi oficio. No me acusa la conciencia de ninguna apostasía. Cuando no estuve conforme con ellos, me dejaron ir en paz.
Me fui cuando tuve la íntima convicción de que todo estaba perdido y ya no había nada que salvar, cuando el terror no me dejaba vivir y la sangre me ahogaba. ¡Cuidado! En mi deserción pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid como la que vertían los aviones de Franco, asesinando mujeres y niños inocentes. Y tanto o más miedo tenía a la barbarie de los moros, los bandidos del Tercio y los asesinos de la Falange, que a la de los analfabetos anarquistas o comunistas.
Los «espíritus fuertes» dirán seguramente que esta repugnancia por la humana carnicería es un sentimentalismo anacrónico. Es posible. Pero, sin grandes aspavientos, sin dar a la vida humana más valor del que puede y debe tener en nuestro tiempo, ni a la acción de matar más trascendencia de la que la moral al uso pueda darle, yo he querido permitirme el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos. Para un español quizá sea éste un lujo excesivo.
Se paga caro, desde luego. El precio, hoy por hoy, es la Patria. Pero, la verdad, entre ser una especie de abisinio desteñido, que es a lo que le condena a uno el general Franco, o un kirguis de Occidente, como quisieran los agentes del bolchevismo, es preferible meterse las manos en los bolsillos y echar a andar por el mundo, por la parte habitable de mundo que nos queda, aun a sabiendas de que en esta época de estrechos y egoístas nacionalismos el exiliado, el sin patria, es en todas partes un huésped indeseable que tiene que hacerse perdonar a fuerza de humildad y servidumbre su existencia. De cualquier modo, soporto mejor la servidumbre en tierra ajena que en mi propia casa.
(...) Cuando llegué a esta conclusión abandoné mi puesto en la lucha. Hombre de un solo oficio, anduve errante por la España gubernamental confundido con aquellas masas de pobres gentes arrancadas de su hogar y su labor por el ventarrón de la guerra. Me expatrié cuando me convencí de que nada que no fuese ayudar a la guerra misma podía hacerse ya en España.
Caí, naturalmente, en un arrabal de París, que es donde caen todos los residuos de humanidad que la monstruosa edificación de los Estados totalitarios va dejando. Aquí, en este hotelito humilde de un arrabal parisiense, viven mal y esperan a morirse los más diversos especímenes de la vieja Europa: popes rusos, judíos alemanes, revolucionarios italianos..., gente toda con un aire triste y un carácter agrio que se afana por conseguir lo inasequible: una patria de elección, una nueva ciudadanía. No quiero sumarme a esta legión triste de los «desarraigados» y, aunque sienta como una afrenta el hecho de ser español, me esfuerzo en mantener una ciudadanía española puramente espiritual, de la que ni blancos ni rojos puedan desposeerme.
Para librarme de esta congoja de la expatriación y ganar mi vida, me he puesto otra vez a escribir y poco a poco he ido tomando el gusto de nuevo a mi viejo oficio de narrador. España y la guerra, tan próximas, tan actuales, tan en carne viva, tienen para mí desde este rincón de París el sentido de una pura evocación. Cuento lo que he visto y lo que he vivido más fielmente de lo que yo quisiera. A veces los personajes que intento manejar a mi albedrío, a fuerza de estar vivos, se alzan contra mí y, arrojando la máscara literaria que yo intento colocarles, se me van de entre las manos, diciendo y haciendo lo que yo, por pudor, no quería que hiciesen ni dijesen.
Y luchando con ellos y conmigo mismo por permanecer distante, ajeno, imparcial, escribo estos relatos de la guerra y la revolución que presuntuosamente hubiese querido colocar sub specie ceternitatis. No creo haberlo conseguido."
Manuel Chaves Nogales.



viernes, 17 de octubre de 2025

LA SOCIEDAD DE LA IGNORANCIA

 LA SOCIEDAD DE LA IGNORANCIA

"(...) el gran cambio que consolida definitivamente la Sociedad de la Ignorancia no es que ésta se vea favorecida por las nuevas formas de comunicación y en la práctica campe a sus anchas, sino que ha sido aceptada, asumida y, finalmente aupada a la categoría de normalidad. De forma progresiva la ignorancia ha ido perdiendo sus connotaciones negativas hasta el punto de llegar a prestigiarse. Se ha disipado el pudor a mostrar en público la propia ignorancia, e incluso con frecuencia se exhibe con orgullo, como un aditivo más de una personalidad apta para gozar al máximo del hedonismo y la inmediatez que proporciona un consumismo desenfrenado. Ser ignorante no es incompatible, ni mucho menos, con tener dinero o glamour. Más bien al contrario, nos puede proporcionar una pátina de simpatía altamente empática a ojos de los demás.
La situación actual corresponde a la fase más avanzada de un proceso imparable, constatado por numerosos autores, que ha acompañado al protagonismo creciente de las masas. Resaltaba Ortega y Gasset en La rebelión de las masas, a finales de los años veinte, que «lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera». La consolidación definitiva de la cultura de masas después de la Segunda Guerra Mundial, especialmente desde la aparición del televisor, indujo a Giovanni Sartori a escribir que «un mundo concentrado sólo en el hecho de ver es un mundo estúpido. El homo sapiens, un ser caracterizado por la reflexión, por su capacidad para generar abstracciones, se está convirtiendo en un homo videns, una criatura que mira pero que no piensa, que ve pero que no entiende».
Hoy asistimos, en efecto, a la culminación del proceso. La ignorancia está plenamente normalizada y es admitida sin ningún reparo en los modelos de éxito social, e incluso el acceso a las máximas responsabilidades públicas por parte de personas de ignorancia evidente se considera una muestra positiva de las virtudes del sistema democrático. Cualquiera, con independencia de su formación y aun dando muestras evidentes de su falta de cultura y de ánimo de enmienda, puede acceder a lo más alto de la estructura social. Cualquier observación al respecto emitida en público sería considerada hoy políticamente incorrecta. La ignorancia es atrevida, desacomplejada y, como todos en esta sociedad que constantemente reclama, exige también que se respeten sus derechos. El proceso se realimenta a través del papel cada vez más central que en nuestra sociedad juegan los medios de comunicación, referentes del éxito social y escaparate del imaginario colectivo del cual son también, en buena parte, creadores. «Si no sales por televisión, no eres nadie» o, más recientemente «si no apareces en Internet, no existes». Los ingredientes para acceder a dicha visibilidad encajan perfectamente en la estructura de la Sociedad de la Ignorancia.
En paralelo, y en la misma medida que la ignorancia se ha normalizado y se ha prestigiado, el conocimiento no productivo se ha desacreditado, ha perdido cualquier atisbo de ser referente social y se ha cargado de connotaciones negativas. Como hemos señalado anteriormente, seguimos considerando el conocimiento como un bien en sí mismo cuando nos referimos a él de forma abstracta: en las encuestas todos contestamos que nos encanta leer, ir al teatro o ver documentales, pero en la práctica fuera del saber productivo generado por los expertos, cualquier esfuerzo intelectual resulta casi incompresible para una sociedad acomodada en la confortabilidad del entretenimiento predigerido y la espectacularidad vacua. Difícilmente alguien se atrevería hoy a autocalificarse como intelectual por el temor a quedar revestido de todas las connotaciones actuales del término: pretencioso, improductivo, aburrido.
Lo más sorprendente de la situación es que parece que nos percatamos de la dualidad entre el discurso utópico y la realidad cotidiana. Persiste una lógica errónea que nos lleva a pensar que el uso de herramientas cada vez más sofisticadas implica necesariamente un mayor conocimiento, y confundimos la destreza para utilizar un complejo programa informático que nos permite escribir con el hecho de escribir algo interesante, o incluso con saber escribir. Nos hemos convencido de que disponer de una red que nos permite ver lo que emite la televisión en la otra punta del mundo es volvernos más sabios, cuando lo único que hacemos es pasar el rato o, en el mejor de los casos, adquirir conocimientos triviales. Y nos encanta oír «Sociedad del Conocimiento» cuando a nivel individual, en muchos casos, consiste simplemente en pasar un montón de horas chateando con los amigos o intentando ligar por Internet (...)"
De La Sociedad de la Ignorancia y otros ensayos



sábado, 4 de octubre de 2025

La Flotilla: turismo "revolucionario".

 Entiendo que la vida occidental produzca cierto hastío y se busquen constantemente métodos de evasión. Hoy disponemos de grandes fuentes de entretenimientos fútiles para que la vida pase de largo lo más rápido posible. La vida parece que es un dejar que pase de largo desde el puro entretenimiento. Un ver como nos hacemos viejos, o ver hacerse viejos a los que nos rodean jugando a la Play.

Lo cierto es que giramos en una bola sin rumbo ni propósito en el universo de las cosas.
Habitamos la sociedad del espectáculo. Una sociedad, la occidental, donde todo tiene que estar espectacularizado. Todo es espectáculo. Todo es ocio, risas y espectáculo; a nivel epidérmico. Todo parece una serie de ficción, Netflix, HBO, Amazon, mas que una realidad en sí misma. A veces, distinguir entre realidad y ficción entiendo resulta imposible. Es desconcertante ver cuando uno ríe o llora sin saber si ríe o llora o imposta que ríe o llora o cree llorar o reir y elije mal el momento.
Una consecuencia de la alienación es la separación entre el cuerpo, la realidad y lo que uno en algún momento ha sido.
Creo que hoy en dia usualmente no se actúa por solidaridad, sino, oh, por pura vanidad y egocentrismo. Tenemos la certeza de que los políticos lo hacen -eso es irrefutable-, en función de sus intereses económicos lo hacen. No dudan un segundo en emplear (o provocar) guerras y muertes, de niños o de quién sea, para sumar votos, para sumar poder, para sumar status. Algunos les creen a pies juntillas sus constantes mentiras aunque sean demostrables (el fanatismo produce esos efectos), y aquellos que no terminan, nadie sabe por qué, en las urnas cada cuatro años votándoles de nuevo. Normalmente se usa ese ridículo tópico de "Si no votas estás a favor de que se perpetúen en el poder los que están hoy". No, si yo lo que quiero que este sistema se hunda por completo. En fin. Estos son misterios sin resolver interesantes. Pero la falsocracia no es tema para hoy.
El caso es que hay individuos que sí, que son solidarios de verdad (yo no lo soy, ni de verdad ni de mentira), pero esos son rápidamente reconocibles. Difícilmente los verás publicitándose o haciéndose selfies, cantando consignas libertarias o antisistema en pleno after antes de salvar el mundo; esos son puramente adolescentes tardíos, de entre treinta a cincuenta años; algunos incluso de mucha mayor edad. Uno nunca deja de sorprenderse. Nunca.
La Flotilla es una muestra más de un mundo materialista y superficial desprovisto de valores reales, de sentimientos reales, y dotado de una serie de desconcertantes fenómenos en los últimos años que carecen de cualquier muestra de sentido común, señal de inteligencia o muestra de algo parecido a lo que se entendía no hace tanto como humanidad.
Aquí no hay batalla cultural, sino estupidez acultural.
Y yo, disculpenme si equivoco el tiro (en realidad no lo equivoco), ahí solo veo egocentrismo, egolatría, culto al yo, autoengaño, en resumen, unos adultos talluditos y excitados con síndrome de Peter Pan prestos a pasárselo pirata en una -imaginaria, aunque no en sus mentes- "misión humanitaria" para "salvar" a los niños palestinos. Pero los protagonistas en sus mentes infantiles no son los niños palestinos, no, sino ellos mismos, que se sienten por un segundo el centro de las miradas de la sociedad del espectáculo. Y se que dentro de ellos mismos creen serlo, creen ser héroes, creen estar haciendo el bien puro. Lo creo, estoy seguro de que lo creen. Pero creerlo no es serlo.
Hace tiempo se cumplió esa visionaria sentencia que se atribuye (probablemente ni siquiera sea suya) al imbécil de Andy Warhol.
"En el futuro todos serán mundialmente famosos durante quince minutos".
Bueno, pues Barbie Gaza y compañía, ya tenéis vuestro quince minutos.
PD: Este texto se lo dedico a la Flotilla, y a todos los medios de comunicación que están dando bombo y platillo a esta pantomima narcisista, y a todos los que siguen esto como una prueba de algo parecido a una demostración de ayuda en causa humanitaria, y no una nueva prueba de que el narcisismo y la estupidez crónicas son la epidemia de las sociedades occidentales.